• Alejandro Durán Asencio

No encajas en el perfil



¿Habéis tenido esa sensación alguna vez? En mi caso desde pequeño, el no ancajar en el perfil me ha perseguido y estigmatizado, por razones que aún no alcanzo a comprender. En el colegio y posteriormente en el instituto y la universidad me sentía como un bicho raro, alguien que por no sé qué motivos no terminaba de encontrar su sitio. Quizás entendía el mundo de una manera diferente, quizás el no claudicar con lo que no estaba de acuerdo o quién sabe si mi particular manera de entender como deberían funcionar las cosas me han marcado y convertido en la persona que soy ahora, con mis virtudes y mis defectos. En definitiva, era alguien que no encajaba. Y por qué os cuento esto me preguntaréis. Pues no, no me estoy psicoanalizando, simplemente estoy reflexionando sobre como se gestionan los procesos de selección en las empresas en la actualidad. Intento comprender por qué en la mayoria de los casos las personas que desarrollan la difícil tarea de seleccionar, contribuyen (de manera voluntaria o simplemente por inercia) a deshumanizar hasta límites insospechados un trabajo tan bonito y gratificante como es el de buscar personas que “encajen” (he aquí este gran palabro que tanto daño hace en ocasiones). Santiago Niño Becerra calificaba la selección de personal en un artículo aparecido en prensa el año pasado como “retrógrada, parcial, ineficiente y absurda” y aunque matizaría algunos puntos, en lineas generales no puedo estar más de acuerdo. En el desarrollo de su artículo nos comenta como algunas empresas realizan procesos de selección con una falta de profesionalidad y rigurosidad que no hacen más que perjudicar muy seriamente a la empresa y a las impresiones que desde fuera se puede tener de ella. Nos cuenta en su artículo como ayudó al hijo de una amigo a realizar un proceso de selección, proceso del que fue descartado porque era demasiado joven. ¿No conocía la empresa la edad del candidato cuando comenzó el proceso? ¿Es profesional descartar a un candidato, al final de un proceso, porque es “demasiado joven” si desde el principio conocíamos este dato? Opinen ustedes mismos. Desde mi óptica de Recursos Humanos esta situación no puede avergonzarme más y hacerme reflexionar sobre la incipiente necesidad de humanizar los procesos de selección y sobretodo, desarrollar este trabajo con un nivel de ética profesional y empatía que en la actualidad está en horas bajas. Es más, y no me gustaría quedarme solo en esta parte. Me gustaría profundizar un poco más sobre el tipo de feedback que ofrecemos a los candidatos cuando su candidatura no cumple las necesidades del cliente y nos vemos en la obligación de declinarla. Aunque parezca raro, muy pocas empresas tienen mecanizado una respuesta a los candidatos en el caso de que no sean los seleccionados para el empleo. Algo que a priori podría parecer básico, es una realidad que aquellos que lo hayáis sufrido en alguna ocasión, os sentiréis muy identificados. Cualquier empresa que se precie, preocupada por lo que transmite al exterior, debería trabajar en el feedback que le gustaría ofrecer a las personas que finalmente no entrarán a formar parte de ella. Y con establecer protocolos no me refiero solo a recogerlos en un manual y dejarlo en la estantería, me refiero a aplicarlo, a invertir el tiempo en explicar a una persona con la que hemos podido estar interactuando una semana, dos o 6 meses los motivos por los cuales finalmente su candidatura no ha sido la elegida. Entiendo que muchos me diréis que los recursos no son los suficientes para realizar este trabajo, que quitaríais tiempo a otras actividades más importantes…en definitiva mil excusas de todo tipo para seguir haciendo las cosas mal. Resumiendo y para finalizar no olvidemos jamás que trabajamos por y para las personas y que la diferencia debe estar en nosotros. Reflexionemos si podemos hacer las cosas mejor y si está en nuestra mano, pongámonos a ello. Nunca olvidemos que la diferencia la marcamos nosotros y nuestra manera de hacer las cosas. Apostemos por añadir valor y por deja una huella en las personas que pasan por nosotros.

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